Dándole vuelta al mundo

So long Tailandia, and thanks for all the fish

Tailandia

“Pii Piii” o Ko Phi Phi

Johnny, la gente está muy loca. Phi Phi es un descoque. La noche es un descontrol: música muy fuerte, buckets gratis, borrachos, beer pong, embudos con mangueras, fuego, playa, peleas, tatuajes. Hasta venden el gas de la risa en la playa. La gente se emborracha con esos baldes llenos de cosas que venden en la calle y que a veces regalan en los boliches, muchos se suben al ring a pelear unos rounds de muay thai, otros van solo a mirar y tomar algo, unos cuantos deciden ir a la playa y saltar una soga de fuego o pasar por un aro también prendido, y varios culminan su noche haciéndose un tatuaje con bambú del que muy posiblemente se arrepentirán. Y festejamos los 34 así, a puro bucket, viendo boxeo, yendo a la playa y escuchando música fuerte, pero sin lo del fuego ni los tatuajes. Aún conservamos algo de sentido común.


Fiestas felices

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Fiestas felices

Claro, terminó la high season y empezó la peak season. Todo ocupado. Lo suponíamos, así que ya habíamos reservado hoteles para las fiestas. Nos olvidamos del transporte. Ya veníamos cansados del tren nocturno de Chiang Mai a Bangkok y de las 12 horas de espera en dicha capital que utilizamos, entre otras cosas, para ir a ver El Hobbit 2 (genial, lluvia de Lucitos). Lamentablemente, solo quedaba seating para el viaje de Bangkok a Krabi. Otro viaje de la muerte en nuestro historial. Frío, mucho frío, de ese que ni toda la ropa de la mochila puede aplacar. Uno de los asientos se reclinaba a unos 120 grados, y el otro, roto, permanecía a esos 120 grados, el ángulo justo que provoca un huequito entre la espalda y el asiento y ese dolor al día siguiente. Apliqué la técnica de un compañero de vagón que dormía plácidamente y dormité sentada, con brazos y cabeza sobre la mesita.


Aquí (en Chiang Mai) me pongo a cantar...

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Hacia el norte con pasaporte

Dado que el transporte a Laos era horroroso
y que el tiempo transcurre presuroso,
decidimos cambiar de dirección,
y a Bangkok nos fuimos en avión.

Tras beber unas Chang y comer pad thai,
en tren viajamos a Chiang Mai,
tierra de bastantes elefantes,
lluvias que duran instantes,
y trekkings para los viajantes.

Se solucionó el tema meteorológico
y bicicleteamos hasta el zoológico.
Tigres, pajarracos, jirafas, elefantes y leones,
pero el panda y el koala despertaron emociones.


Bangkok entre escorpiones y felinos

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Paramos cerca de Khao San Road, una calle colmada de frenesí las 24 horas y explotada al extremo: llena de tiendas, bares y restaurantes, comida callejera, masajes, tatuajes, agencias de turismo, casas de cambio, hoteles, tuk-tuks, taxis de color rosa fluorescente, noche, joda, y turistas de todo tipo, orientales y occidentales, jóvenes y viejos, mochileros hippies y del tipo musculoso con tatuajes.