Transiberiando
La costumbre local es traer bolsos con comida, pan, tazas, cubiertos, saquitos de té, fruta y verdura, y de esa comida que con agua caliente despierta a la vida (principalmente, fideos en una sopa). Lo común también es ponerse ropa cómoda apenas suben y volverse a cambiar antes de bajar. Y si se hacen buenas migas con los compañeros de compartimento, la comida a veces se comparte.
En el tren hay un vagón restaurante, pero los precios son algo elevados y, según el vagón en el que estés, tenés que atravesar muchos para llegar, lo que implica también pasar por varios ceniceros humanos (al final de cada vagón). Hay una señora que recorre todo el tren y pasa cada tanto con un changuito lleno de bebidas y refrigerios. También se puede acudir a la encargada o al encargado del vagón para comprar saquitos de té, sopas, golosinas, etc. Ellos se encargan de controlar los pasajes, darte la bolsita con sábanas limpias, contrabandear cerveza (aunque caliente y sobrevalorada), pasar el trapo, sacar la basura y limpiar los baños (que constan de un espejo, un lavatorio y un moderno inodoro que descarga sobre las vías). Los baños permanecen cerrados durante las paradas más largas, supongo que para que nadie se esconda ahí y viaje gratis y, principalmente, para evitar la hediondez en las estaciones.